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Anatomía de un aplauso digital

Durante el estreno de la ópera Guillermo Tell de Gioachino Rossini, en 1828, el público quedó tan impresionado que interrumpió la obra en la escena final con un aplauso de 20 minutos ¿Podría expresarse un éxito así en likes?

Decía Edith Piaf que el aplauso es el perfume de la gloria. Y como los buenos perfumes, el aplauso está lleno de complejidadades y matices: la duración, la intensidad, la direccionalidad… Hablemos un poco, porque esta reflexión ha sido clave al crear el aplauso en Vidiv.

La mayoría de medios digitales usan likes, estrellas o corazones para expresar aprobación. Son mecanismos muy gráficos y se pueden contabilizar con facilidad, pero no tienen la riqueza que tiene el aplauso.

Un aplauso dura

La duración media de un aplauso tras un espectáculo o una buena charla es de entre 10 y 30 segundos. Más si realmente nos ha conmovido o nos ha impresionado lo que esa persona, esa orquesta o esa compañía nos ha entregado. Hay aplausos cortos que equivalen a un “nos parece bien, continúa” y hay aplausos largos que expresan “nos vamos de aquí contentos”.

Un aplauso tiene intensidad

Cuando el Muro de Berlín cayó en noviembre de 1989, miles de personas se reunieron en la Puerta de Brandenburgo para celebrar. El aplauso duró horas y fue tan intenso que se podía oir desde toda la ciudad. 

Un like es un like, sea mediante una estrella, un corazón o un pulgar hacia arriba. Expresa cantidad, pero no expresa intensidad ni calidad. El aplauso, sin embargo, puede decirnos mucho más a partir del volúmen y el número de personas que se sumen a él. 

Un aplauso tiene un origen

Fondo sur o fondo norte, la bancada de la derecha o la de la izquierda, los que se sientan en primera fila o los del fondo… Los aplausos vienen de lugares y al detectar su origen identificamos a quienes ha gustado más lo que acabamos de decir.

En vidiv hemos decidido que los aplausos sean espaciales, direccionales: si aplauden los de la derecha, suena desde la derecha, si aplauden los de abajo, te llega el sonido desde abajo.

Un aplauso es colectivo

La suma de likes da… una suma de likes. Pero la suma de palmadas da un aplauso, que es algo distinto, mucho más que la agregación de sonidos individuales. Al aplaudir junto a otros, ajustamos la cadencia, el ritmo y la intensidad de nuestras palmadas inconscientemente, para que contribuyan a ese mensaje colectivo que trasladamos a quien está en el escenario o, en el caso de Vidiv, en el círculo de ponentes.

Las primeras pruebas de aplausos en Vidiv nos dejaron claro algo: superponer sonidos de palmadas según se iban produciendo no generaba un aplauso, sino una cacofonía estridente. Tuvimos que dedicar muchas horas de estudio y pruebas para dar con el algoritmo perfecto que construyese un aplauso progresivamente: una persona, tres, un grupo de 20, una pequeña multitud… hasta una ovación. 

Un aplauso se escucha y se ve

Dice Javier Suárez Quirós, nuestro experto en sonificación de producto, que mientras la vista traslada un mensaje que ocurre en el espacio, el sonido transmite un mensaje en el tiempo. 

En Vidiv los aplausos se ven y se escuchan. Cuando una persona aplaude, su círculo se ilumina de verde. Cuando aplaude un grupo, toda la zona se llena de círculos verdes. Cuando es una ovación, la arena entera se tiñe de ese verde. Es algo impresionante. En terminología de diseño diríamos que el aplauso tiene además feedback visual. Y al ser la arena un espacio bidimensional, conseguimos que el aplauso sea una experiencia mucho más rica, tanto para nuestro intelecto como para nuestros sentidos.

El efecto carruaje

Los primeros coches a motor eran carruajes sin caballos: el conductor iba fuera y los pasajeros estaban sentados dentro de la cabina. Con el tiempo, el diseño de los coches se fue adaptando a la nueva naturaleza del artefacto. Ocurrió lo mismo con los equipos de radio y los primeros televisores que, al principio, tenían el aspecto de muebles clásicos para no desentonar con el resto de la sala en la que se los colocaba.

Las primeras versiones de una tecnología siempre parten con la forma de los artefactos a los que sustituyen. Lo llamamos efecto carruaje.

La pregunta, cuando diseñábamos Vidiv, era inevitable:

¿Debía ser el aplauso realista, igual que el del mundo físico, o era mejor diseñar algo completamente nuevo? 

Nuestra respuesta a esa pregunta fue “las dos cosas”. 

Teníamos que conservar la esencia de un buen aplauso, pues como hemos visto es algo difícil de mejorar, pero podíamos aprovechar el medio digital para reforzarlo visualmente y para medir la intensidad y los momentos, para que los organizadores de un evento tengan datos precisos y valiosos de lo que más y mejor ha funcionado.

¿Debería haber sido otro sonido en lugar de la palmada? 

Esa duda aún nos acompaña y nos gusta que sea así. Estamos al inicio de un camino para mejorar la manera en que nos encontramos online y debemos cuestionarnos absolutamente todo para poder avanzar.

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